El presidente Javier Milei volvió a quedar en el centro de la polémica tras cuestionar, durante una actividad en Neuquén, a quienes sostienen que una parte de la población argentina no logra llegar a fin de mes. El mandatario calificó esa situación como una “pelotudez” impulsada por el kirchnerismo y puso en duda que las personas puedan quedarse sin dinero varios días antes de cobrar.
“Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?”, expresó Milei, en una declaración que reavivó la discusión sobre el costo de vida y las dificultades económicas que atraviesan numerosos hogares.
Sin embargo, llegar a fin de mes no es solamente una cuestión de tener dinero para comprar alimentos. Para muchas familias, el problema también pasa por la necesidad de endeudarse para cubrir los gastos cotidianos, una situación que puede convertirse en un círculo difícil de romper: se utiliza la tarjeta de crédito para hacer las compras, se recurre a préstamos o se paga el mínimo de las cuotas y, al mes siguiente, una parte cada vez mayor de los ingresos queda comprometida para saldar esas obligaciones.
Cuando el sueldo no alcanza para cubrir alimentos, alquiler, servicios, transporte y medicamentos, el crédito deja de funcionar como una herramienta para afrontar un gasto excepcional y se transforma en un recurso para sostener la vida diaria. El problema es que ese dinero debe devolverse con intereses, lo que reduce todavía más la capacidad de compra de los meses siguientes.
Así, el endeudamiento familiar no siempre se traduce en la ausencia total de consumo, pero sí puede reflejar una pérdida de autonomía económica. Hay hogares que siguen comprando lo indispensable, aunque lo hacen con dinero que todavía no cobraron, postergan pagos o acumulan compromisos que terminan condicionando sus decisiones.
En ese escenario, la dificultad para llegar a fin de mes no necesariamente significa que una persona deje de comer o beber durante esos días, como planteó el Presidente. También puede significar vivir con lo justo, pedir ayuda a familiares, atrasarse con las facturas, refinanciar deudas o resignar consumos necesarios para evitar que el presupuesto familiar se desborde.
Las declaraciones de Milei vuelven a poner en discusión la distancia entre el discurso oficial y las preocupaciones cotidianas. La evolución de indicadores como la inflación puede mostrar mejoras en determinados períodos, pero eso no implica automáticamente que los salarios hayan recuperado el poder adquisitivo perdido ni que los ingresos alcancen para cubrir todos los gastos.
La cuestión de fondo no se limita a cuánto dinero queda en la cuenta bancaria el día 20 de cada mes. También importa cuánto se debe, qué parte del sueldo ya está comprometida y cuánto cuesta sostener las necesidades básicas sin recurrir permanentemente al crédito.
En un contexto de ajuste económico, el endeudamiento para pagar gastos esenciales constituye una señal de alerta sobre la situación de numerosos hogares. Para muchas familias, llegar al día de cobro significa algo más que esperar el próximo sueldo: significa intentar cubrir las deudas acumuladas y evitar que el mes siguiente comience todavía más cuesta arriba.
