El mercado laboral argentino vuelve a encender señales de alerta. Según datos oficiales difundidos por el INDEC, la informalidad laboral creció durante el último año y se ubica en niveles más altos que los registrados al final del gobierno anterior.
El informe correspondiente al cuarto trimestre de 2025 muestra que el trabajo no registrado alcanzó al 43% de los trabajadores, lo que representa una suba interanual y deja en evidencia que casi la mitad de quienes tienen empleo lo hacen sin derechos básicos como aportes jubilatorios, obra social o estabilidad.
Este dato implica un retroceso respecto a diciembre de 2023, cuando la informalidad se ubicaba en torno al 41,4%. Es decir, lejos de reducirse, el empleo en negro se expandió bajo la actual gestión económica, en un contexto marcado por el ajuste y la caída de distintos sectores productivos.
El impacto no es uniforme: los números muestran que la precarización golpea con más fuerza a sectores históricamente vulnerables. Las mujeres presentan mayores niveles de informalidad que los hombres, mientras que los jóvenes y los adultos mayores encabezan los índices más altos, superando ampliamente el promedio general.
Al mismo tiempo, especialistas advierten que este fenómeno está vinculado con la pérdida de empleo formal. Desde fines de 2023, se destruyeron cientos de miles de puestos registrados, lo que empuja a muchos trabajadores hacia formas de subsistencia más precarias.
El crecimiento del trabajo en negro no solo implica peores condiciones laborales, sino también un deterioro en la calidad de vida, menor acceso a derechos y una economía más desigual. En paralelo, otros indicadores también generan preocupación, como el aumento del desempleo y la caída de la actividad en sectores clave.
En este escenario, los datos oficiales contradicen el discurso optimista del Gobierno y reflejan una realidad compleja para millones de argentinos, donde conseguir trabajo no siempre significa tener un empleo digno.
