Cada vez más jóvenes dependen de sus padres: el desempleo, los tarifazos y el costo de vida frenan la independencia

Alrededor de 140 mil jóvenes de entre 18 y 29 años dejaron de vivir de manera independiente desde 2023. El encarecimiento de los alquileres y los servicios, las dificultades para conseguir empleo y el aumento de los productos básicos de la canasta alimentaria complican la posibilidad de construir un proyecto de vida propio. Para muchos, independizarse dejó de ser una opción concreta y se convirtió en una meta cada vez más lejana.

La posibilidad de alquilar, pagar las cuentas y llenar la heladera se vuelve cada vez más difícil para una generación que enfrenta un escenario económico adverso. No se trata solamente del precio de la vivienda: también pesan la falta de oportunidades laborales, la pérdida del poder adquisitivo y el aumento de los gastos esenciales que absorben buena parte de los ingresos familiares.

Según un informe de la consultora Analytica, la proporción de jóvenes de entre 18 y 29 años que viven fuera de la casa de sus padres cayó del 26% al 23,3%. El relevamiento estima que alrededor de 140 mil personas de esa franja etaria dejaron de vivir de manera independiente desde 2023.

Uno de los factores centrales es el costo de mantener un hogar. Desde noviembre de 2023, los alquileres y los servicios aumentaron en conjunto un 637,9%, de acuerdo con el informe. El encarecimiento de los gastos básicos representa una presión adicional para quienes buscan mudarse y también para las familias que deben sostener a hijos adultos que no pueden afrontar una vivienda por su cuenta.

A los alquileres y los tarifazos se suma el costo de los alimentos. La compra de productos esenciales, como carne, leche, pan, frutas y verduras, se lleva una parte importante del presupuesto y obliga a muchas familias a ajustar las cantidades, cambiar marcas o postergar otros gastos para llegar a fin de mes.

El problema se agrava cuando conseguir empleo resulta difícil o los ingresos disponibles no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. El informe advierte sobre la pérdida de puestos de trabajo registrados y una caída del 9,1% en el poder adquisitivo de quienes conservaron un empleo formal. Esto no significa que todos los jóvenes estén desocupados, pero sí refleja un escenario en el que la estabilidad laboral y la capacidad de sostenerse económicamente enfrentan mayores dificultades.

En esas condiciones, independizarse exige mucho más que conseguir un lugar donde vivir. Hace falta contar con ingresos suficientes y relativamente estables para pagar el alquiler, los servicios, la comida y el transporte, sin quedar expuesto a cualquier imprevisto. Cuando esas condiciones no existen, permanecer en la casa familiar o regresar a ella puede convertirse en la única alternativa.

Las consecuencias van más allá de compartir nuevamente el techo con los padres. La falta de recursos puede retrasar estudios, limitar oportunidades laborales, postergar proyectos personales y prolongar la dependencia económica. También obliga a muchas familias a reorganizar sus gastos para sostener a integrantes que esperaban haber iniciado una vida independiente.

El deterioro de las condiciones económicas plantea una contradicción difícil de ignorar: mientras se espera que los jóvenes estudien, trabajen y construyan su futuro, cada vez resulta más complejo reunir las condiciones materiales para hacerlo. La independencia no depende exclusivamente del esfuerzo individual cuando el empleo escasea y los gastos esenciales aumentan por encima de las posibilidades de numerosos hogares.

Vivir con los padres no es, por sí mismo, un problema. La dificultad aparece cuando la convivencia deja de ser una elección y se transforma en una necesidad económica. Cuando pagar un alquiler, comprar alimentos y afrontar los servicios se vuelve inalcanzable para una parte de la población, la discusión excede las decisiones personales.

Los datos de Analytica ponen números a una realidad que atraviesa a miles de familias argentinas: el desempleo, los tarifazos y el encarecimiento de los productos básicos no solo afectan el presente, sino que también condicionan los proyectos de una generación que encuentra cada vez más obstáculos para construir su propia independencia.