Cada jubilado acumula una pérdida de $7,3 millones de poder adquisitivo desde 2023

Un informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) estimó que los haberes previsionales perdieron un 23% de poder de compra desde noviembre de 2023. El impacto es todavía mayor entre quienes cobran la mínima, que acumulan una caída real del 30%. El dato no significa que a cada jubilado le hayan descontado ese dinero, sino que representa la pérdida acumulada de ingresos frente a la inflación.

El ajuste sobre las jubilaciones vuelve a quedar expuesto a través de un dato que permite dimensionar el deterioro del bolsillo de los adultos mayores. Según el último informe de MATE, desde 2023 cada jubilado acumula, en promedio, una pérdida de $7,3 millones en términos de poder adquisitivo.

La cifra requiere una aclaración importante. No significa que ANSES haya descontado $7,3 millones de la cuenta de cada jubilado. Se trata de una estimación que calcula cuánto dinero dejó de percibir, en términos reales, un jubilado como consecuencia de la evolución de sus ingresos frente a la inflación.

Y el promedio esconde una situación todavía más complicada para quienes cobran el haber mínimo. De acuerdo con MATE, ese sector perdió alrededor del 30% de su poder de compra, acumulando una pérdida equivalente a 8,4 jubilaciones de 2023.

Uno de los puntos centrales del deterioro está en el bono extraordinario de $70.000 que acompaña a la jubilación mínima. Ese refuerzo permanece congelado desde marzo de 2024. Si se hubiera actualizado siguiendo la movilidad previsional, el monto debería ser considerablemente mayor.

Mientras tanto, las actualizaciones mensuales de las jubilaciones permiten recuperar parte de la inflación reciente, pero no necesariamente compensan el terreno perdido. Para septiembre está previsto un incremento del 2,1%, que llevará el haber mínimo a $428.590. Con el bono de $70.000, el ingreso total llegará a $498.590.

La distancia entre ese ingreso y el costo de vida ayuda a explicar por qué el debate previsional no queda encerrado en una discusión de porcentajes. Una persona mayor debe afrontar alimentación, medicamentos, vivienda, servicios y transporte con ingresos que, en muchos casos, quedan muy por debajo de esos gastos.

El resultado se siente en la vida cotidiana: medicamentos que se postergan, gastos que se recortan, ayuda familiar que se vuelve necesaria y, en algunos casos, adultos mayores que deben buscar ingresos adicionales para completar el presupuesto mensual.

El dato de los $7,3 millones, entonces, funciona más como una forma de medir el deterioro que como un monto literalmente perdido de una cuenta bancaria. Detrás de ese número hay una discusión mucho más concreta: cuánto puede comprar hoy una jubilación y qué lugar ocupa un adulto mayor dentro del actual esquema económico.

Para quienes cobran la mínima, la respuesta aparece en los números: aunque el haber se actualice mes a mes, el poder de compra continúa por debajo del que tenía antes del cambio de gobierno y el bono, que originalmente funcionaba como un refuerzo, perdió buena parte de su peso frente a la inflación.