La interna de La Libertad Avanza volvió a quedar en evidencia en las últimas horas tras una serie de cruces públicos en redes sociales entre dirigentes, militantes e influencers vinculados al oficialismo. El episodio, que tuvo como protagonistas a la diputada Lilia Lemoine y al influencer conocido como “Gordo Dan”, sumó nuevos capítulos con la intervención de otros actores del espacio y dejó al descubierto diferencias que ya no se disimulan.
El conflicto no surgió de manera aislada. Se inscribe en un clima de tensión creciente dentro del oficialismo, donde conviven distintos sectores con influencia política, territorial y digital. En este caso, las discusiones giraron en torno a posicionamientos internos, lealtades y respaldos a determinadas figuras, como la vicepresidenta Victoria Villarruel y la diputada Marcela Pagano, lo que profundizó las divisiones.
Las redes sociales, una herramienta central en la construcción política de La Libertad Avanza, volvieron a ser el escenario principal de la disputa. Allí, los intercambios incluyeron acusaciones personales, cuestionamientos sobre la militancia y pases de factura que rápidamente escalaron y se viralizaron. Lo que antes se resolvía puertas adentro, hoy se dirime en público y en tiempo real.
Detrás de los cruces aparece una discusión más profunda: quién conduce el espacio y cómo se ordena el poder dentro del oficialismo. Por un lado, sectores alineados con el núcleo más cercano al presidente Javier Milei; por otro, figuras que buscan mayor autonomía o disputan lugares de representación. En ese marco, también se menciona la influencia del armado político que responde a Karina Milei y las tensiones con el ecosistema digital que acompañó el crecimiento del espacio.
Más allá de los nombres propios, el episodio deja una señal política relevante. En un contexto económico complejo, con inflación persistente, caída del consumo y dificultades cotidianas para amplios sectores de la sociedad, las disputas internas del oficialismo contrastan con las demandas urgentes de la población. La exposición de estas peleas no solo impacta en la imagen del gobierno, sino que también alimenta la incertidumbre sobre la capacidad de gestión y cohesión política.
Lo ocurrido en las últimas horas deja una advertencia hacia adentro del propio espacio: cuando las diferencias se vuelven públicas y escalan sin control, el costo político no solo lo paga la dirigencia, sino también la credibilidad de un gobierno que necesita mostrar orden en un momento delicado.
