Temporada de verano: menos turistas, menor consumo y vacaciones más cortas

La provincia de Buenos Aires, principal destino turístico del país, atraviesa una temporada de verano marcada por números que reflejan con claridad el contexto económico que viven millones de argentinos. Las primeras semanas del verano 2025/2026 muestran una caída en la cantidad de turistas, estadías más breves y un consumo claramente debilitado, en un escenario donde vacacionar se vuelve cada vez más difícil para la mayoría de la población.

Según datos oficiales, durante diciembre y los primeros días de enero ingresaron alrededor de 3,6 millones de turistas a la provincia. La cifra representa una baja respecto del verano anterior y una caída aún más pronunciada si se la compara con la temporada 2023/2024. En términos concretos, son cientos de miles de visitantes menos recorriendo destinos turísticos bonaerenses, con el impacto directo que eso genera en las economías locales.

Pero el fenómeno no se explica solo por la menor cantidad de personas que viajan. También se registra una reducción en la duración de las estadías. Muchos turistas optaron por vacaciones más cortas, escapadas de pocos días o directamente por no viajar. En promedio, las noches contratadas cayeron cerca de un 7% en comparación con la temporada pasada, una señal clara del ajuste que realizan las familias frente a la pérdida de poder adquisitivo.

El consumo turístico acompaña esa tendencia a la baja. El gasto general en destinos bonaerenses cayó alrededor de un 21%, afectando de lleno a hoteles, restaurantes, comercios, balnearios y servicios vinculados al turismo. Incluso herramientas que en años anteriores funcionaron como estímulo al consumo mostraron una fuerte desaceleración, confirmando que el problema no es solo de precios sino de ingresos disponibles.

Detrás de estos números aparece una realidad social contundente: una gran mayoría de los argentinos no pudo tomarse vacaciones este verano. Para muchas familias, viajar dejó de ser una posibilidad real y pasó a convertirse en un lujo. El ajuste cotidiano se expresa en decisiones concretas: menos días fuera de casa, menos salidas, menos gastos y, en muchos casos, la resignación de no viajar.

El impacto se siente especialmente en los trabajadores temporales y en las pequeñas economías regionales que dependen del movimiento turístico para sostener ingresos durante el resto del año. Si bien la ocupación hotelera promedio se mantuvo cercana al 69%, ese nivel no alcanza para compensar la caída del gasto ni la menor circulación de dinero en los destinos.

Desde la Provincia señalan que esta temporada no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de un contexto económico más amplio. Menos turistas, estadías más cortas y menor consumo configuran un escenario que refleja las dificultades que enfrentan amplios sectores sociales, en un verano donde la posibilidad de descanso quedó condicionada por la realidad económica.

Más allá de las estadísticas, la temporada funciona como un termómetro social. Cuando el turismo interno se retrae, no solo se resiente una actividad económica clave, sino que también queda en evidencia el impacto de las políticas económicas en la vida cotidiana. Este verano, para muchos, no fue tiempo de descanso sino de ajuste.