Cuando la política se vuelve cartón: una senadora “Libertaria” ausente que igual quiso salir en la foto

En la Argentina actual, donde la política discute ajuste, reformas y sacrificios, una imagen de esta semana volvió a dejar al descubierto una distancia cada vez más evidente entre la dirigencia y la vida cotidiana de la gente. Ocurrió en Salta, durante un acto político encabezado por el ministro del Interior, Diego Santilli. La postal fue tan llamativa como incómoda: una senadora nacional no estuvo presente, pero apareció igual en la foto oficial, representada por un cartón con su imagen.

La protagonista del episodio es María Emilia Orozco, legisladora de La Libertad Avanza. Según trascendió, la senadora se encontraba de vacaciones al momento del encuentro. Aun así, su espacio político decidió colocar una silueta de cartón para “completar” la imagen del acto, que luego fue difundida en redes sociales.

Más allá del tono casi humorístico con el que circuló la escena, el hecho dejó una sensación difícil de esquivar. No se trató de un evento menor ni protocolar: el encuentro tenía como objetivo ordenar respaldos políticos y legislativos en un contexto social y económico complejo, marcado por la caída del poder adquisitivo, el aumento del desempleo y la incertidumbre cotidiana que atraviesa a millones de familias.

En ese marco, la ausencia física de una representante nacional —suplida por una imagen— no pasó desapercibida. Incluso dentro del propio oficialismo, el gesto generó malestar. No solo por la puesta en escena, sino por el mensaje implícito: la foto parece haber importado más que la presencia real.

La política argentina tiene una larga historia de símbolos, gestos y actos pensados para la cámara. Pero cuando esas decisiones se producen en un país donde amplios sectores enfrentan dificultades concretas para llegar a fin de mes, la distancia se vuelve más evidente. Para quienes esperan respuestas, gestión y compromiso, un cartón no representa, no escucha y no decide.

La imagen terminó diciendo más de lo que pretendía. Mostró una forma de hacer política en la que la construcción de apariencia intenta tapar ausencias reales. Y dejó flotando una pregunta incómoda pero necesaria: ¿alcanza con estar en la foto cuando lo que falta es presencia y responsabilidad?

En tiempos donde la credibilidad de la dirigencia está en debate, estos gestos no son menores. Porque mientras la vida cotidiana exige soluciones, la política del cartón solo refuerza una sensación conocida: la de un poder que, a veces, parece más preocupado por posar que por estar.