Chubut en llamas y Milei de gira: la ausencia presidencial frente a una tragedia ambiental

Mientras Chubut se consume bajo el fuego y atraviesa una de las peores emergencias ambientales de las últimas décadas, el presidente Javier Milei eligió profundizar su agenda de marketing político antes que asumir un rol activo frente a la crisis. Más de 35.000 hectáreas arrasadas, familias afectadas, evacuaciones preventivas y brigadistas desbordados componen el escenario que el Gobierno nacional decidió mirar de lejos.

En la jornada de ayer, lejos de anunciar medidas extraordinarias, refuerzos logísticos o asistencia directa para la Patagonia, Milei encabezó una nueva presentación partidaria ante militantes libertarios. Allí volvió a celebrar el ajuste, reivindicó la motosierra como política de Estado y redobló su discurso de confrontación. Ni una mención sustancial a los incendios. Ni una señal de empatía. Ni una decisión concreta frente a una tragedia que avanza sin control.

La escena se vuelve aún más elocuente cuando se observa la agenda presidencial: este lunes, el mandatario desembarca en Mar del Plata para participar de un acto con vecinos y de la llamada “Derecha Fest”, un evento político-partidario que funciona como vidriera ideológica del oficialismo. A eso se suma la posibilidad de su presencia en el show “La Libertad Avanza”, encabezado por la humorista Fátima Flores, una postal que roza lo grotesco frente al drama que vive el sur del país.

No se trata de una omisión menor ni de una cuestión de agenda cargada. Se trata de una decisión política. Mientras el fuego avanza y las condiciones climáticas agravan el panorama, el Estado nacional reduce su presencia, recorta recursos y se ausenta del territorio. La lógica es clara: para el Gobierno, la catástrofe ambiental no compite con la necesidad de sostener el relato, cuidar la tribuna propia y alimentar la épica del ajuste.

En Chubut no hay shows, ni discursos, ni celebraciones. Hay cenizas, pérdidas irreversibles y una angustia que crece al ritmo del fuego. La ausencia presidencial no es solo simbólica: es la confirmación de un modelo de gestión que desprecia la emergencia, deserta ante la tragedia y prioriza la propaganda por sobre la responsabilidad institucional.

Cuando el Presidente elige el escenario antes que el territorio incendiado, el mensaje es brutalmente claro. Para el Gobierno de Javier Milei, hay tragedias que no merecen agenda.