El precio de la carne vacuna volvió a pegar un salto y el impacto se siente de lleno en la mesa de los argentinos. Aunque el Gobierno nacional insiste en mostrar una desaceleración inflacionaria, los alimentos siguen marcando otro ritmo y golpeando con fuerza el bolsillo.
En enero, la inflación fue del 2,9%. Sin embargo, el rubro Alimentos y Bebidas registró un aumento del 4,7%, muy por encima del promedio general. Dentro de esa categoría, la carne vacuna volvió a destacarse por su suba: aumentó un 4,9% solo en el primer mes del año.
Actualmente, el precio promedio de la carne se ubica en $15.275. Pero el dato más sensible es el del asado, uno de los cortes más populares y representativos del consumo argentino, que ya se vende por encima de los $20.000 el kilo en numerosas carnicerías.
Si se amplía la mirada al último año, el panorama es todavía más preocupante. La carne vacuna acumuló un incremento del 73,4%, mientras que el Índice de Precios al Consumidor registró un 32,4% en el mismo período. Es decir, la carne aumentó más de 40 puntos porcentuales por encima de la inflación general.
La diferencia no es menor: se trata de uno de los alimentos centrales en la dieta nacional y su encarecimiento afecta de manera directa a trabajadores, jubilados y familias de ingresos medios y bajos, que ya vienen soportando tarifazos, subas en servicios y pérdida del poder adquisitivo.
En contraste, durante la campaña presidencial, referentes del actual oficialismo cuestionaban con dureza los aumentos del asado en años anteriores. Hoy, con subas acumuladas que rondan el 770% en apenas dos años de gestión libertaria, la comparación se vuelve inevitable.
Mientras tanto, el consumo se retrae y cada vez más familias deben resignar calidad o cantidad en sus compras. El asado, símbolo de encuentro y tradición, empieza a convertirse en un lujo para muchos hogares argentinos.
