La apertura del 154° período de sesiones ordinarias en la Legislatura bonaerense dejó una imagen distinta a la de años anteriores y un mensaje político de alto voltaje. En un contexto económico adverso y con menor presencia militante en la Plaza San Martín, el gobernador Axel Kicillof inauguró el año legislativo con un discurso centrado en la gestión provincial, pero atravesado por una fuerte confrontación con el rumbo económico nacional.
A diferencia de otras aperturas, no hubo convocatoria formal a la militancia ni acto político posterior. El mandatario no cruzó caminando desde la Gobernación hacia la Legislatura y el clima en la plaza fue más sobrio. Algunos intendentes del peronismo territorial, como Fernando Espinoza y Julio Alak, movilizaron columnas propias, pero la escena estuvo lejos de la masividad de años anteriores.
El contexto tampoco ayudó. La jornada estuvo marcada por un paro docente y estatal de 24 horas en medio de una negociación salarial sin acuerdo. Por primera vez en la gestión de Kicillof, las clases no comenzaron en tiempo y forma. La tensión con sectores gremiales, históricamente aliados, se hizo sentir y evidenció las dificultades financieras que enfrenta la Provincia. Desde el Ejecutivo bonaerense remarcaron que la recaudación cayó cerca de un 10% en enero y que la coparticipación también sufrió un fuerte retroceso, en un escenario agravado por el freno de fondos nacionales.
“No es la Argentina, es el rumbo económico”
En ese marco, Kicillof desplegó un discurso que fue mucho más allá de la coyuntura provincial. Tras la reciente exposición presidencial en el Congreso, cuestionó el modelo económico nacional y advirtió sobre lo que definió como un “laboratorio de derecha extrema” que gobierna exaltando el conflicto y debilitando el rol del Estado.
“El crecimiento del que hablan es el crecimiento de la desigualdad”, afirmó, al tiempo que describió un panorama de caída en la industria, la construcción y el comercio, cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo. Según el gobernador, el ajuste no fue dirigido a privilegios sino a jubilaciones, obra pública, programas sociales y transferencias a las provincias.
En uno de los tramos más enfáticos del discurso, sostuvo que la crisis actual tiene una causa clara: el programa económico del Gobierno nacional. Planteó que trabajadores despedidos, pymes en dificultades, jóvenes sin perspectivas y jubilados que no llegan a fin de mes no son responsables individuales de su situación, sino víctimas de un rumbo que prioriza la especulación por sobre la producción.
El Estado como “escudo” frente al ajuste
Kicillof defendió el rol del Estado provincial como “red y escudo” frente a lo que definió como un retiro del Estado nacional. Remarcó que la Provincia tuvo que sostener políticas de salud, educación y seguridad en un escenario de “asfixia financiera”, con recursos que —según denunció— le fueron quitados a los bonaerenses.
En materia de seguridad, rechazó soluciones basadas en el marketing y defendió una estrategia integral basada en inversión, tecnología y formación. En educación, subrayó que no se trata de un gasto sino de una inversión estratégica, y advirtió que el desfinanciamiento pone en riesgo el futuro.
Más allá de las críticas, el mandatario también dejó un mensaje hacia adentro del campo popular. Reconoció que muchos argentinos aún no encuentran una alternativa que los convoque y señaló que construirla implica algo más que oponerse al Presidente: requiere un proyecto claro y una propuesta concreta de país.
Con internas abiertas dentro del peronismo y un año políticamente clave por delante, la apertura de sesiones mostró a un gobernador que busca posicionarse como referencia de una alternativa al modelo libertario, mientras intenta sostener la gestión en una provincia golpeada por la crisis nacional.
