El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo que en la Argentina se está produciendo un cambio en los hábitos de consumo, vinculado —según su visión— a una mayor estabilidad económica y a una menor expectativa de devaluación. “Antes la gente iba y se stockeaba con cualquier cosa, porque la moneda se devaluaba”, afirmó, y agregó: “Ahora ahorra tres meses y por ahí se compra una moto”.
Las declaraciones forman parte del discurso oficial que busca mostrar una etapa distinta en la economía, donde el ahorro en moneda local recupera valor y las decisiones de consumo se vuelven más planificadas.
Sin embargo, esa interpretación choca con una realidad social cada vez más exigente. En los últimos meses, el consumo viene en caída y el poder adquisitivo continúa deteriorándose. Para amplios sectores, el problema ya no es cómo consumir mejor, sino directamente si se puede consumir.
En ese contexto, el supuesto cambio de hábitos aparece más ligado a la necesidad que a una elección. Muchas familias dejaron de “stockearse”, pero no porque ya no haga falta resguardarse de la inflación, sino porque no alcanza. El ajuste se siente en la mesa diaria: menos productos, segundas marcas y compras cada vez más medidas.
La situación es aún más delicada en los sectores más vulnerables. Jubilados que deben elegir qué medicamento comprar y cuál dejar, hogares que recortan alimentos y gastos esenciales, y trabajadores que, aun con empleo, no logran cubrir todas sus necesidades básicas.
Frente a este escenario, el ejemplo de “ahorrar tres meses para comprar una moto” queda lejos de la realidad de gran parte de la población, donde el objetivo inmediato sigue siendo llegar a fin de mes.
A nivel local, en Cañuelas, comerciantes advierten una baja en las ventas y un cambio marcado en el comportamiento de los clientes: compras más chicas, menor frecuencia y una fuerte búsqueda de precios. El consumo, lejos de reactivarse, sigue siendo un reflejo directo de las dificultades económicas.
El debate sobre los hábitos de consumo, entonces, no puede separarse del contexto social. Entre el relato de estabilidad y la experiencia cotidiana, lo que predomina es una economía que todavía no logra aliviar el bolsillo de la mayoría.
