El Gobierno nacional atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la asunción de Javier Milei, con una caída sostenida en la aprobación pública que enciende alarmas dentro de la Casa Rosada. Distintos estudios de opinión coinciden en un dato clave: el malestar económico ya impacta de lleno en la imagen presidencial y empieza a poner en duda incluso un eventual proyecto reeleccionista.
En los últimos meses, la percepción social sobre la gestión libertaria sufrió un deterioro marcado. Lo que supo ser un equilibrio entre apoyo y rechazo tras las elecciones legislativas de 2025, hoy se transformó en una brecha claramente negativa. Según relevamientos recientes, la desaprobación supera ampliamente a la aprobación, consolidando un escenario adverso para el oficialismo.
El factor central de este desgaste es la situación económica. La caída del poder adquisitivo, la dificultad creciente para llegar a fin de mes y el temor a perder el empleo se instalaron como preocupaciones dominantes en gran parte de la sociedad. A esto se suma el impacto de los bajos salarios, que por primera vez aparecen como el principal problema nacional, por encima incluso de la inflación.
En paralelo, crece el rechazo a actitudes del propio Gobierno que contrastan con el discurso anticasta que impulsó Javier Milei durante la campaña. Los escándalos que involucran a funcionarios y las denuncias por posibles hechos de corrupción alimentan el desencanto social y erosionan la credibilidad del oficialismo.
Otro dato relevante es que la figura presidencial ya no logra despegarse de la evaluación de la gestión. Si en un inicio Milei conservaba cierto respaldo personal más allá de las críticas al rumbo económico, esa diferencia comenzó a diluirse. Hoy predominan percepciones negativas, con una imagen asociada a rasgos como la agresividad y con un nivel creciente de rechazo emocional.
El clima social también refleja preocupación hacia el futuro. Una parte significativa de la población teme escenarios de crisis más profunda, como una posible corrida cambiaria o un estallido social. Además, aumenta el pesimismo: cada vez más argentinos creen que el país estará peor en el corto plazo.
En este contexto, el Gobierno enfrenta un doble desafío. Por un lado, revertir la situación económica que golpea a millones de hogares. Por otro, reconstruir la confianza de una sociedad que comienza a pasar factura.
Aunque la oposición todavía no logra capitalizar plenamente este descontento, los datos muestran una tendencia clara: crece la demanda por una alternativa que combine estabilidad económica con desarrollo productivo y generación de empleo.
Con este escenario, el proyecto político de Javier Milei entra en una etapa de mayor incertidumbre, donde la posibilidad de una reelección ya no aparece como un camino asegurado.
